Exposición
Begoña Vega
Paisajes sentidos
Del 2 al 29 de Diciembre 2016
Sala 2

La historia de una herida

Podríamos hablar en esta exposición  de la historia de una herida. Porque si observamos los cuadros que nos trae Begoña para colgar en esta sala, el recurso más usado es la línea recta que se utiliza con profusión  vestida con mil trapillos diferentes. Todos los trazos que conforman las líneas, los colores y las formas son el resumen del alma de Begoña, de sus dedos delicados, de  un imaginario en proceso de seducción, de una búsqueda con el ornato propio de la ansiedad por la perfección deseada y escasamente satisfecha;   porque   una recta,  en el  papel,   es como las  tres heridas: la de la vida, la de la muerte, la del amor. Son las tres heridas que encontramos en los trasuntos existentes en todos los cuadros que Begoña cuelga en la sala Valey. Y para quienes somos espectadores  con vocación de flaneur, el mensaje que nos manda con los colores suaves,   la línea perfecta y la  composición equilibrada, son un resumen, nunca cerrado,  de un quién soy y lo que fui y donde la memoria es algo más que una simple evocación de los sueños;  una poética nunca cerrada y algo imposible para una vida más de silencios que de palabras y dibujos.

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Y si por casualidad piensan, lo mismo que ella,  que lo escrito  anteriormente  obedece más a un  compromiso que a convencimiento, párense delante del cuadro que se titula Niza, sabiendo que es un homenaje a la tragedia acaecida en esta ciudad el día 23 de julio del año 2016. Es tan sencillo como aquel endecasílabo famoso   de Rubén Darío que dice “Francisca Sánchez, acompáñame…”

Pero suficiente;  cuánto  dolor detrás de tanta sencillez  y perfección: una línea blanca sobre fondo negro es una herida que supura todas las lágrimas que rompen un corazón.

J. Fernández